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Iniciación de Pagos

La iniciación de pagos es el proceso mediante el cual un tercero autorizado (típicamente un proveedor de servicios de pago) envía una solicitud al banco del cliente para transferir fondos desde su cuenta hasta un comerciante. A diferencia de los pagos con tarjeta (donde la red de tarjeta actúa como intermediaria), la iniciación de pagos ocurre directamente entre el banco del pagador y el receptor, a través de APIs reguladas por normativas como PSD2 y PSD3.

La mecánica funciona así: una gestora inmobiliaria se integra con un servicio de iniciación de pagos; cuando un inquilino autoriza un pago, el proveedor envía una instrucción al banco del inquilino; el banco descuenta el importe y lo transfiere directamente a la cuenta de la inmobiliaria; la inmobiliaria recibe confirmación instantánea. Todo el proceso tarda segundos.

Para el sector inmobiliario, la iniciación de pagos tiene tres ventajas principales. Primera, coste: a diferencia de los pagos con tarjeta (comisión del 1,5–3%), la iniciación de pagos por open banking cuesta una tarifa fija de 0,10–0,50 € por transacción independientemente del importe. Segunda, velocidad: la Transferencia SEPA Instantánea (obligatoria para bancos de la eurozona desde octubre de 2025) liquida en menos de diez segundos, 24/7/365. Tercera, certeza: una vez iniciado y confirmado un pago, no puede revertirse ni ser disputado como un contracargo de tarjeta.

La experiencia del cliente es directa: el inquilino recibe una solicitud de pago, la aprueba a través de su app bancaria usando autenticación biométrica o PIN, y el pago se confirma. No es necesario almacenar detalles de tarjeta; no hay que configurar domiciliaciones periódicas.

Desde la perspectiva regulatoria, los proveedores de servicios de iniciación de pagos (PISPs) están regulados por PSD2, pero los fondos nunca tocan la cuenta del PISP. El dinero va directamente del pagador al receptor, lo que simplifica el cumplimiento normativo y elimina el riesgo de contrapartida.

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